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Hoy no

Foto del escritor: Bastian Sebill
Bastian Sebill
22 mar 2022
5 min de lectura

La cena estaba servida, y alguien golpeo la puerta. No esperaba a nadie.

— ¿Quién es? -pregunte. Nadie respondió. Volvieron a golpear, pero esta vez más enérgicamente.

— ¿Quién es? Pregunté nuevamente.

— Es mejor que me veas. Nunca me vas a abrir si te digo quien soy. No tengas miedo no voy hacerte daño.

— ¿Seguro?

— Por supuesto. Soy de palabra. Toda mi vida cumplí con lo que dije.

— Está bien. Espera que busco la llave.

Fui a mi habitación a buscar el llavero y cuando regrese, él ya estaba dentro de casa. Había cruzado la puerta sin abrirla.

— ¿Puedo sentarme? –Inquirió.

— Sí, sí, claro; por supuesto. Como no te vas a poder sentar.

Acomode una de las sillas del comedor que estaba llena de libros de estudio solo para él. No atine a hacer nada, pues quien estaba en mi casa, sentado en mi mesa era la persona menos pensada. ¡Hasta tomo y comió de mi cena!

— ¡Cocinas bien! –Dijo.

— ¡Eh!.. eso creo.

No paraba de mirarlo y se dio cuenta.

— ¿Estás listo? -pregunto tranquilamente- con una sonrisa en sus labios.

Sin entender lo que estaba pasando esa noche, lo mire y le dije.

— ¿Listo? ¿Para qué?

— Te vine a buscar.

— ¿A buscar?

— Nos vamos de viaje. No te preocupes por tus cosas, no las vas a necesitar.

— ¿Y cuándo nos vamos?

— Ahora mismo.

— ¡¡¡Noooo!!! Eso es imposible ¿Ahora ya mismo? ¿No puede ser en unos días?

— Imposible. Es ahora, pase lo que pase.

— Es que… ¡no me despedí de nadie!

— Ya lo sé. Por eso mismo debemos irnos en este instante.

— Pero, mis hijos duermen en su cama plácidamente ¿Quién les va a explicar por qué me fui? No está bien que los deje, sin dejar acaso una nota, algo.

— Es mejor que así sea. Con el tiempo lo van a entender.

— ¿Puedo por lo menos despedirme de ellos?

— Si obvio, son tuyos y te dejo solo para los disfrutes por última vez.

Entré en la habitación, prendí la luz sin pensar que podía despertarlos. Me acerque a ella, la abrace con toda mi fuerza, le susurre al oído un te amo hija, eres la mejor del mundo y estoy tan orgulloso, que no te das una idea. Recuerda todo lo que te enseñe y vive intensamente. Cuida a tu hermano y se feliz. Espero haberte dado mis mejores consejos, y perdóname si me equivoque varias veces. Me voy de viaje, y la verdad es la primera vez que me voy a separar de ustedes y es difícil.

La volví a abrazar intensamente que la desperté, y aunque abrió sus ojos por un segundo, me miro, sonrió y me dijo.

— Yo también te Amo papi, eres el mejor del universo.

Me dio un beso en el cuello, otro en la mejilla y como cada noche me tomo de la mano y me quede a su lado hasta que se volvió a dormir profundamente. Sentí la suavidad de sus manos, el calor de su piel. Apoye mi oído en su corazoncito y note que latía velozmente; segundos después su latido aminoraba con cada golpe. Esa señal me decía, que su cuerpo y el mío se reconocían por simple contacto y eso, los relajaba.

— ¿Cómo decirte adiós mi chiquita y no dejar un vacío entre los dos?

Mi voz, aunque dormía, la seguía relajando porque me regalo su última sonrisa. La arrope, acaricie su pelo y me dirigí a su hermano, guardando cada milímetro de piel de su pequeño cuerpecito en mi retina y mi corazón.

Mayor que ella, siempre dormía destapado. Entre sabanas y acolchados, su cuerpo lograba quitarse todo peso que molestara para soñar. Me recosté a su lado y lo mire largamente. Peine su cabellera amarilla, mientras con un movimiento fuerte acomodo ambas manos sobre su cachete derecho, pues sobre ese lado dormitaba.

— Hijo, al igual que tu hermana, eres lo mejor y más importante en esta vida. Gracias por tanto amor recibido, por tus cartas, por colgarte de mí cuello cuando nos reencontrábamos, por decirme cuánto me amas y lo importante que soy en tu vida. Nunca dejes de ayudar a tu gente y no pierdas el objetivo de tu vida. Se lo mas feliz que puedas y recuerda que el amor te seguirá a donde vayas. Estaré a tu lado con cada decisión que tomes, sea buena o errada. Jamás olvides cuanto te amo.

Al levantarme, tomo mi mano fuertemente y con ese gesto me dijo todo. Se acomodó en su cama y lo tape suavemente, pero al llegar a la puerta de la habitación los mire por última vez y su cuerpo volvió a destaparse. Apague la luz y en silencio regrese al comedor.

— ¿Ya está? ¿Te despediste?

— Si –respondí enojado.

Me senté y mirándolo fijo a los ojos le dije.

— Todavía falta despedirme de mi familia: hermanos, sobrinos, amigos. No puedo irme. Necesito más tiempo.

— Simplemente no hay más. Allá tendrás el tiempo del mundo.

— ¡No quiero tener la eternidad sin poder abrazar, amar, besar, llorar, reír, ver al sol asomando por el mar o a través de una montaña! ¡Me niego a irme contigo! ¡Sé quién eres!, me da igual. Aquí me necesitan mucho más de lo que crees.

Mientras yo hablaba, él sonreía.

— Así que no me vengas con eso de que tiene que ser hoy. Mi momento es ahora, y en este lugar, con mis amores, mis afectos, mi gran familia, en fin, mi vida ¡Ellos pierden a un ser querido! ¡Yo!, ¡pierdo mi existencia! Es sumamente injusto caer en mi casa y pretender llevarme a donde no quiero ir. Tú pensaras que es tiempo y que cumplí con mi paseo terrenal.

Te voy a decir algo. A partir de hoy deberías cambiar esa ley. La gente debería decidir cuándo, cómo y dónde; y no ser arrebatada de la tierra porque así dicen las escrituras. ¿Alguna vez pensaste en lo que nosotros queremos? Es verdad que la mayoría de las veces te pedimos cosas sin pensar, ¡Pero esto, es inadmisible!

No dejaba de reírse y cuanto más lo hacía, más me enfurecía.

— ¿Qué te da tanta risa?

— Que nunca nadie me había hablado así, con tanta convicción, con fundamentos y con tanto deseo de seguir en este mundo, a pesar de todo lo malo que tiene. Para mi es normal esta situación. Vengo, los busco y como nadie se ha quejado ni opuesto a mi decisión, me han seguido ciegamente.

— Entiendo tu posición, pero alguna vez les preguntaste si quieren irse contigo. Das por sentado algo que…

— La verdad nunca. Llevo siglos haciéndolo que me pareció que hacia lo correcto.

— Bueno, por lo menos te hice frente, te dije mis deseos, mis inquietudes y mis necesidades, así que podes volver por donde viniste. No voy a dejar que lo hagas, porque no soy el único que quiere quedarse. Toda mi familia se va a enojar mucho.

Se levantó, me abrazo fuerte, fuerte, me cacheteo y levantando su mano derecha me dijo.

— Ojala haya mucha más personas como vos, que me retan y se oponen a irse. Mientras haya amor y deseos de vivir intensamente, no me hare presente, y recuerda no llegar a lo que muchos. Demuestra a tu entorno cuanto los amas, todos los días, varias veces al día. No vaya a ser que cuando te toque el momento de partir estés en deuda con los demás o al revés. Esta noche marcaste un cambio en mis decisiones y salvaste a muchas almas. Acepto mi error.

Se dio vuelta, caminó hasta la puerta que nunca había estado cerrada, alzó su brazo y en gesto de despedida me saludo.

— ¡Dios!

— ¡Dime hijo mío!

— Gracias por esta oportunidad.

— A ti, y no la desperdicies. La próxima será la definitiva.



@Bastian.Sebill

Adrogué, Buenos Aires, Argentina.

Viernes 14 de agosto de 2015.

15:27

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