Despedida: segunda oportunidad.

Actualizado: 22 mar 2022
Anoche te estaba recordando mientras me dormía. Largas charlas con mate hasta el amanecer y con esa imagen me quede dormido. Un sueño comenzó a nacer. Estaba en el patio de tu casa, en esa esquina cercana a la ruta, mientras golpeaba las manos para ver si estabas. El sol invernal de media mañana me calentaba la espalda y el calor se hacía notar. Di vuelta la cabeza, un ruido de la calle me distrajo y en ese instante abriste la puerta. Usaste la mano izquierda de visera porque la claridad no te dejaba ver.
Estabas con tu atuendo de siempre, bombacha de campo y alpargatas, boina bataraza de lado, barba encanecida, pómulos flacos y esa mirada que no había cambiado en años desde la última vez. El pelo seguía creciendo y en tu mano derecha un mate añejado, con horas de cebadas y agua caliente casi tenia impreso tus dedos en la calabaza.
Me miraste sorprendido y sorpresa fue la mía de tenerte frente mío. El abrazo vino después de tu sonrisa… ¿y?…
— ¿Qué haces por acá?
— Vine para acompañarte
— ¿Acompañarme?
— Si claro, mañana es un día especial. Vine para que cuando pase, no estés solo.
Enseguida comprendió lo que estaba diciendo. Sin moverse de su lugar levanto la pava del piso y en completa calma me compartió un mate. Estaba tan caliente que me queme el paladar y mi lengua fumaba vapor. Se rio entre dientes. Le agradecí el mate. Dejo todo en el piso, avanzo los pasos que nos separaban y me abrazo tan fuerte que lloramos juntos, sabiendo sin saber que ambos conocíamos el sentimiento del otro. El abrazo se hizo uno: tibio, con amor y sabor a Juan. Sus brazos no dejaron de soltarme y por ese instante fuimos uno entre dos.
Con sus manos quejumbrosas y esa mirada transparente que sentía todo, tomo mis cachetes y con sus ojos perdidos en algún momento de su vida… me dijo.
— No es necesario que te quedes. Ya sé que día es mañana, y necesito hacerlo solo. Agradezco tu preocupación y tu amor, pero así debe ser. Te amo hermano, me voy en paz.
No pude decirle nada. Solo un Te amo Johny que me cerraba el corazón y cuando mi desconsuelo fue tal, volvió a hacer lo que hacen los amigos, los hermanos mayores, me consoló hasta la última lágrima.
Habían pasado cinco minutos solamente de nuestra charla, y el cielo estaba atardeciendo.
— Si alguna vez me necesitas, en aquella estrella me vas a encontrar… esa que toma mate de madrugada, baila chamamé, escribe poesía, y ahora como vos tiene la vista nublada.
@Bastian.Sebill
Adrogué, Buenos Aires, Argentina.
Viernes 9 de abril de 2020.
00:31
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