¡Ay, patria mía!

Nació en junio tres de 1770,
cincuenta años después
el veinte del homónimo mes,
murió solo y sin dinero
tan pobre el General
ni plata para lápida tenía.
Poco se conoce su historia,
reconocido por un evento,
fue nombrado vocal
un mayo de 1810
en la revolución,
luego le encomiaron
al Paraguay la expedición.
Asumió su rol de militar,
si no era con la pluma y la palabra
lucharía con la espada
por la libertad de su pueblo,
encabezo con éxito como General
un agosto de 1812 el éxodo jujeño.
Importantes victorias tuvo
en Tucumán septiembre de 1812
en Salta febrero de 1813;
también derrotas hubo
en Vicapugio octubre de 1813
en Ayohuma noviembre de 1813.
Por las batallas de Salta y Tucumán
un premio le otorgaron, en su convicción
él los donó para la construcción
de cuatro escuelas en 1813
en Santiago del Estero,
Tarija, Jujuy y Tucumán.
Aunque ese dinero
fue usado para la compra
de armamentos y vituallas
para la lucha armada
185 años después fue equipada
la última escuela del vencedor de Salta.
Un reglamento redactó
para ésas, sus escuelas,
en su artículo primo escribió:
“El maestro de escuela
bien remunerado debe ser,
de las más importantes tareas
que alguien pueda ejercer".
Pobre, muy pobre y olvidado,
el 25 de mayo de 1820,
dicta su testamento:
Mis bienes materiales
a mi hermano se los lego
para que se los haga llegar
a mi hija Manuela Mónica.
La creación de la bandera
lo único por lo que se lo venera
sus hazañas se cuentan con la mano
mi querido General Manuel Belgrano
en el silencio de la despedida
se te oyó exclamar ¡Ay, patria mía!
@Bastian.Sebill
Adrogué, Buenos Aires, Argentina.
Lunes 27 de julio de 2020
21:03
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